Elijan la forma verbal apropiada.

A los diez años yo era el monarca de las azoteas y pacíficamente mi reino de objetos destruidos.

Las azoteas eran los recintos aéreos donde las personas mayores las cosas que no servían para nada: se allí sillas cojas, colchones despanzurrados, maceteros rajados, cocinas de carbón, muchos otros objetos que una vida purgativa, a medio camino entre el uso póstumo y el olvido. Entre todos estos trastos yo omnipotente, ejerciendo la potestad que me fue negada en los bajos. Podía ahora pintar bigotes en el retrato del abuelo, calzar las viejas botas paternales o blandir como una jabalina la escoba que su paja. Nada me estaba vedado: construir y destruir y con la misma libertad con que insuflaba vida a las pelotas de jebe reventadas, presidía la ejecución capital de los maniquíes.

(Fragmento de Por las azoteas de Julio Ramón Ribeyro)

Para que se enteren los demás, estamos hablando de los cuentos de Julio Ramón Ribeyro. Crom ha creado dos enlaces para leer Los gallinazos sin plumas y Por las azoteas Los recomiendo ampliamente ya que son bastante amenos, interesantes y enriquecedores para el vocabulario del hispanohablante.
Acceder al cuento completo aquí .