Esta historia es real, de mi conocimiento, y se desarrolló y desarrolla en Argentina.

Negra y fea.
2004
Adriana despierta una vez más y revuelve su cuerpo sobre la cama de la pensión como preámbulo del comienzo de un día más y el movimiento de la mujer hace que la cama se queje, por vieja, y por la voluminosa humanidad conformada por un metro setenta de altura y los ciento veinte kilos que forman el cuerpo de Adriana.
La imagen de la mujer en el espejo hace que la mujer se queje por la imagen que recibe de una realidad inmerecida a sus treinta y tres años de vida. Se higieniza como puede intentando apenas mejorar su aspecto para comenzar su tarea diaria de cuidar la pensión en la que vive, trabajo que le es remunerado a cambio de su vieja cama y alguna que otra comida venida de la mesa de gente con más recursos o tal vez menos desgracias.
1971
Nació una nena en algún pueblo de Argentina y dicen que ante un nacimiento Dios sonríe.
Pero nadie sabe bien si Dios existe y de existir, si sonríe en alguna ocasión.
Está por verse el asunto.
Los que sí sonrieron fueron sus padres y le llamaron Adriana tal vez imaginando una mejor vida para ella, pero ella no lo recuerda, quizás como forma de anticuerpo universal para evitar el contraste entre la potencialidad de una vida que se inicia y la realidad de una vida que en sus años más fuertes parece terminada.

2004
Adriana se observa y no se gusta.
La imagen que nota en el espejo es la de una mujer gorda y fea. Fea como valoración social subjetiva y cruel de sus características mestizas, y gorda, por su imagen y por los efectos que su peso han provocado en su columna vertebral y sus rodillas.
Dónde quedaron su pubertad y su adolescencia cuando todo brillaba en el horizonte?
Dónde está aquél muchachito que tímidamente le preguntó "querés salir conmigo?"
Dónde están aquellos sueños de inocencia y de carne que hoy sólo puede recordar?
Ya no están.
La vida se los llevó de golpe y le demostró que es imposible contabilizar el tiempo ido.

2000
- Adriana, mire... usted sabe... la empresa no anda bien y tenemos que tomar medidas urgentes para que esta estructura que es fruto de nuestro esfuerzo siga adelante, y es por ello que aunque nos duela vamos a prescindir de sus servicios. Pero no se desanime porque usted ha cumplido con la empresa y dentro de muy poco tiempo seguramente le llamaremos para que vuelva a trabajar con nosotros.-, escuchó decir Adriana de boca de un ignoto jefe que no la convocaría nunca más.
Pensó en ese momento que con el dinero recibido de su indemnización podría tirar un tiempito, e ir viendo posibilidades de conseguir otro empleo mientras espera que el jefe la llame.
"Por lo pronto, voy a reducir mis gastos al máximo", se dijo Adriana, y decidió dejar sus estudios de administración empresaria, aparte de solicitar una rebaja en el precio de la pensión en la que era pasajera y que hoy cuida y es su casa y su prisión.

2001
Veinte días sin comer.
El dinero se había acabado y ella no sabía pedir porque nadie le había avisado a Adriana de la posibilidad de ser descartada por una sociedad injusta, hipócrita, mojigata e insolidaria, egoísta, hedonista y vacía, que considera a la dignidad un patrimonio ostentable sólo por aquéllos que no tienen problemas.
- Estás débil, vení conmigo - le dijo un amigo estudiante de medicina que ya aprendía a reconocer los estragos en la salud general de una alimentación deficiente aún en gente bien desarrollada.
Y comió.
Y le supo bien.
La necesidad le mostró cómo pedir, por el camino más duro, puesto que de nada le servían sus conocimientos inconclusos sobre mercadeo que la cultura de neoesclavismo llama "marketing'.
"Marketing", ese nuevo becerro de oro compuesto de consumos superficiales y de los aguijonazos feroces del hambre y la miseria degradante.

Y así, pidiendo, empezó a comer.
Harinas comió, claro, que alimentan poco y engordan mucho, que es lo más barato y lo muchas veces sobrante en las mesas de los que pueden hacer dietas para lucirse en el verano, aunque haciendo un alto para hartarse hasta el vómito, en Navidad.

Fines de 2004
Un día como tantos comenzaba como tantos otros y Adriana provocaba el crujido de la cama en su pesado movimiento que la llevaría una vez más a observar a una mujer de treinta y tres años en el espejo, para notar el antagonismo de su apariencia con los arquetipos que el becerro marketing muestra en todo lados. Para tener atenciones había que ser delgada, objetivo imposible de realizar después de tres años de comer harinas y panes descartados.
- También tendría que ser blanca - se dijo, y con una triste sonrisa dic otro golpe a su ya casi totalmente vencida autoestima, mirando la imagen de una mujer mestiza, condición ésta que potencia cualquier instancia negativa aunque no las positivas, que una mujer desocupada con estudios inconclusos pueda afrontar.
Deseó, como todos los días, no haber despertado de su sueño para darse cuenta de que ya no tenía sueños, pero aún así y tal vez por inercia, finalizó su higiene y arreglo personal con los medios a su disposición, ni siquiera los mínimos.
- Adriana!, teléfono! - escuchó que alguien le avisaba desde el pasillo de la pensión.
- Teléfono para mí? - pensó, recordando que ya no tenía amigos que la atendieran y que su familia estaba desperdigada por rincones insospechables.

Quién podría necesitarla?
Quién recordaría de su existencia?
Una voz amable y desconocida, le dijo:
- Le hablo del Instituto Modelo de Estudios Terciarios y la razón del llamado es invitarla a que pase por aquí y conversemos sobre los motivos por los cuales en el año 2000 usted abandonara sus estudios, considerando lo poco que faltaba para la obtención de sus calificaciones finales y título oficial reconocido por el Ministerio de Educación, además de haber tenido usted un promedio de calificaciones generales muy bueno. Nos gustaría poder conversar con usted. Muchas gracias por su atención y la esperamos en nuestra sede de siempre, que usted ya conoce. Buenos días. -

Noticia y acción fueron una sola.
- Qué puedo perder?- se preguntó Adriana mientras planchaba una desgastada blusa, la mejor que tenía, y así se arregló lo mejor que pudo siempre lejos según su opinión y de lo que el becerro marketing considera bello, y partió rumbo a las instalaciones de un complejo educativo cuyas aulas y recovecos conocía, y en los cuales algún día había soñado recibir un diploma teniendo menos de treinta años y muchos, muchos kilos menos, producto de la gordura de la pobreza más miserable.
La entrevista fue corta pero intensa.
- Se acuerda de mí?, preguntó Adriana esperando la casi segura negativa y convencida de integrar el inmenso mundo de los olvidados.

- Si, Adriana, te recuerdo - recibió como respuesta, y ahí comenzó una charla impensada, increíble para Adriana.

Entrevista
Adriana tiene treinta y tres años, mide 1,60, pesa 120 kilos, es de tez morena y pelo negro, desocupada y con salud en declive, durante años pensó que su cama en la pensión que cuida, iba a ser su lecho de muerte.

Por iniciativa de personas que no fueron excluidas de la sociedad del becerro marketing, Adriana ha sido becada en forma completa y cuando obtenga su título en 2005 recibirá una pasantía de trabajo para que emplee sus conocimientos en una actividad productiva.
Adriana ya no quiere morirse.

Final
Adriana, no te conozco, pero vos y las personas que te devolvieron las ganas de vivir son mis hermanos del alma y para todos ustedes tengo mis mejores deseos de felicidad y buenaventura, los mejores que pueda yo hallar en mi descreída idea de la existencia.
Todos ustedes me han sorprendido gratamente y con ello he recibido mi regalo de Navidad.
Gracias, desde el corazón.
RLunfa
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Gracias por traer este relato Lunfa, cuantas cosas nos hace pensar sin poder expresarlo. Cuantas Adrianas hay por el mundo!!! Carajito...en este momento me da bronca no ser una gran escritora para poder decir todo lo que pasa por mi mente.
Solo puedo decir como dije en tantas oportunidades: siempre es tiempo de volver a empezar cuando tenemos un sueño.
Gracias otra vez, y gracias a todas las personas de buena voluntad que habitan este mundo que ponen su granito de arena, para que este mundo sea un poquito mejor.
Cristina
Huele a cuento.
Primero dice que es una "historia real" "de mi conocimiento" y al final que no la conoce.
En que quedamos?
Chanta!
Chuck
Esta historia es real, de mi conocimiento, y se desarrolló y desarrolla en Argentina.
Esta historia es real, de mi conocimiento, y se desarrolló y desarrolla en Argentina.

Gracias, maestro. Muy bueno.
RLunfa

Andrés
Gracias por traer a estos foros, historia de gente que vive, que sobrevive en este bendito suelo y que, a pesar de todo y de todos, la sigue peleando, encontrando manos anónimas que intentan mostrar que los estúpidos estereotipos de la "belleza, de la estética y de la juventud eterna" son armas mortales para tantos seres, tan o más humanos que los plastificados y modelados por la hipócrita sociedad de cosumo y aniquilamiento. Me alegra que éste haya sido un regalo de Navidad para Ud. persona de mi aprecio, respeto y estima.
Dios bendiga a todos los hombres de buena voluntad. Clau
Huele a cuento. Primero dice que es una "historia real" "de mi conocimiento" y al finalque no la conoce. En que quedamos?

Quedamos en que ya que estamos cerca de Navidad, voy a proponer que nos tratemos de vos, circunstancia que vos perseguiste con insistencia incontables veces no aceptándola yo, y vos resignándote porque sos básicamente un cagón.
En orden de confianza entonces ya y en la víspera de Navidad y con inmensa caridad cristiana, digo que te podés ir a la reputísima madre que te recontra reparió.
Cordialmente,
RLunfa
Gracias a vos, Cristina, por tus palabras.
Un abrazo,
RLunfa
Gracias pueblo...y lo aplaudieron tres gatos locos...

Chuck
Esta historia es real, de mi conocimiento, y se desarrolló y desarrollaen Argentina.

Gracias, maestro. Muy bueno.

Gracias a vos, Andrés.
Aprecio tu consideración y buena voluntad.
Un abrazo,
RLunfa
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