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I am translating my book into spanish, and even though I've been over it 3 times I'm sure there are still some mistakes, particularly in verb conjugation. I'd like some feeedback on Chapter One. Thanks in advance.



Sabe Diós que nunca jamás me preponía ser de la clase trepadora de ninguna manera. Habría sido perfectamente contento vivir de mi vida entera en uno lugar, con sola una familia para amarme y cuidarme, en vez de vagar sobre el país como alguna vagabunda felina, depender de mis juicios y de la amabilidad de los extranjeros.

Ciertamente nada de mi historia temprana indicó que mi caso sería excepcional. Las circunstancias circundante de mi nacimiento estaban tristemente típicas; la madre falta de discernimiento, padre anónimo, sola una de cinco gatitos indeseados de una litera superflua, condenado del comienzo ser el tema desafortunado de uno de esos ubicuos anuncios economicos: "los gatitos adorables, gratis al buen hogar", esa tipo de cosa. Por supuesto, las gatitas hembras no son fáciles para que econtrar los hogares, aun por gratis, así que mi hermana y yo fuimos eventualmente a parar en la tienda local de los animales domésticos, pero allí también, la gente mas o menos nos pasaron por alto durante mucho tiempo.

Entonces un día una muchacha bonita quien tiene casi de cinco o seis años saltó en la tienda. Sortijas del marrón oscuro rebotaron debajo de un gorro azul hecho de punto, y el suéter azul que hecho el juego cayó negligentemente desde sus hombros. Ella marchó directamente a nuestra jaula y empujó sus dedos a través de la malla de alambre, intentar tocar la cola de mi hermana. Mi hermana abofeató a sus dedos con un pata minúscula y la muchacha rió. Sus padres les dan prisa hacia para ver en qué travesura se metió su hija. La madre frunció el ceño en nosotros y tomó su mano.

"Ven conmigo, querida, vamos ya," ella impeló. "Todavía tenemos muchas cosas a comprar." Cuando la niña no respondió, su madre trató conducirla lejos, pero el resultado estuvo rebelión inmediata.

"¡Quiero gatito!" ella lamentó, apegándose del alambre con su mano libre. Sus padres echaron un vistazo nervioso entre ellos.

"Tú no necesitas un gatito, amor," su madre engatusó. "Ya tienes un perico y tres pezes de colores. Vamanos, ahora, tenemos que conseguirte algunos zapatos nuevos."

"¡No quiero zapatos nuevos!" gritó la niña desafiante. "¡Quiero gatito!" Su padre trató a aflojar sus dedos del alambre, pero ella colgó aun más apretado y chilló a voz en grito. "¡Quiero gatito! ¡Quiero gatito!" Los padres comenzaron hacerse desesperados.

"Querida, aquella es una muchacha gatita. De veras no queremos una muchacha gatita, ¿de acuerdo?" su madre suplicó. "Ya por favor sé una muchacha buena e iremos a un otro tienda del animales y buscamos un muchacho gatito amable ¿bien?"

"¡No quiero muchacho gatito! Quiero ESO gatito!" Sus padres miraron uno a otro en la desesperación, cada uno esperando que el otro tuvo una idea. Ni unos ni otros. Resignados, llamaron al tendero, quien hubo esperado cerca y fingirido no notar el disturbio. Él abrió la puerta de la jaula y puso a mi hermana en una caja pequeña con los agujeros en ella. Entonces él agregó un bolso de la comida de gatos al saco que contuvo el grano de pájaros y alimento de los pezes que los padres hubieron comprado ya. Que llevó a cabo, la familia salió de la tienda, la mocosa victoriosa saltando orgulloso y llevando su trofeo más reciente, y sus padres desgraciados siguiendo detrás, totalmente derrotados.

El día siguiente estuvo largo y solo para mí. Tambien el día proximo y el proximo. El tendero me dió una pelota de goma con una campana adentro para jugar, pero no estaba casi tanta diversión como luchar con mi hermana. Nadie ya hizo casa de mí, y comenzaba a parecer como si estaría allí por mucho tiempo.

Unas semanas después un pareja joven y atractiva vagaron en la tienda. Dormida profunda cuando primero vinieron adentro, yo desperté cuando los perritos en la jaula de al lado comenzaron ladrar. Los amantes jóvenes deambularon por la tienda, abrazando de uno a, mirando todos los animales diferentes en sus jaulas. Cuando finalmente llegaron a mi estación yo estuve desentumeciendo a mis músculos de mi siesta.

"Ay Sergio," arrulló la mujer, "¿No es él adorable? Exactamente como un pequeño tigre gris."

"Él es una ella," la corrigió Sergio, comprobando el letero, "y sí, ella es adorable." Sintí juguetón después de mi siesta, asi perseguí mi cola en circulos algunas veces y golpeé mi pelota a través de la jaula. Se enterró debajo de los papeles triturados y tireme adentro tras de él y emergí adornada agradablamente con una salpicadura del confeti. La mujer joven se levantó arriba y abajo y rió aliviamente.

"Eso es lo que quiero," ella suspiró. "Ese pequeña gatita monada."

"¿Eres segura que es una idea buena, consiguir a una hembra, quiero decir?" Su compañero pareció algo dudoso. "¿Qué sucede cuando ella crece y comenza a parir gatitos suyos?"

"No va a pasar," ella insistió. "La guardaré adentro. Ella no será ningún apuro jamas, vas a ver." Ella se arrimaró más cercano a su marido y enganchó los pulgares en su cintura. "¿Por favor, por favor, por favor? Es mi cumpleaños, y es lo que quiero de veras, ¿por favor?"

Sergio rió y besó su frente. "Bien, Belita, si eres seguro que es lo que quieres de veras."

Juntos escogieron algo de comida de gatos y una pelota de goma roja y un ratón azul del menta de gatos, mientras que el tendero desdobló otra caja con agujeros. Estuve en camino a un hogar nuevo.
* * * * * *

"¿Has decidido como vas a llamar tu pequeña creadora de travesura?" Sergio estuvo estirado en el sofá con su cabeza descansado sobre el regazo de Belita. Ella tiene sus piernas dobladas por debajo de ella, y torció una mechón de su pelo azabachado enrollado de sus dedos mientras que me ocupé en una exploración meticulosa de su vacío bolso de libros en la mesita del café. Ella rió aliviamente en su descripción de mí.

"¿Creadora de travesura, eh? ¡Ya vas a ver quien es un creadora de travesura!" Ella despeinó su pelo y tiró un manojo grande por abajo sobre sus ojos. Él tendió para arriba sus brazos y tiró hacia abajo su cabeza para un beso.

"No contestaste a mi pregunta. ¿Como debería llamar al pequeño monstruo? ¿'Oye tú'? O qué te parece 'Yo, gato'?"

"Claro que no, tonto." Belita inclinó su cabeza a un lado para que su pelo largo y rubio rozó a su cara. "¿Qué te parece 'Pantera Tigris'? Ése es el nombre científico para el tigre."

Sergio rió. "En este caso porqué no simplemente se llama 'Tigre'?"

"No, tigre es demasiado común. Voy a llamarla 'Tera'."

"Tera." Sergio negó con la cabeza. "No sirve, no sirve ni mucho menos. Suena como un nombre para una planeta, quizá, o una nueva clase de vitamina. Me gusto más 'Tigre'."

"¡Eres terrible!" Belita se levantó por una salto del sofá, descargando el pobre de Sergio sobre el piso. "Por ése puedes fregar tu propa espalda esta noche." Ella entró con gesto exagerado en la cocina y comenzó a golpear alrededor con los potes y las ollas. Sergio suspiró.

"Ven aquí, Tigre." Él tendió la mano en el bolso del libros y cosquilleó mi vientre. Yo mordisqué sus dedos y él se rió entre dientes. "Realmente eres un tigre, ¿no?" Él hizo rodar con mi pelota nueva de la mesa y a través del cuarto. Yo cargué tras mientras que él rebotó del estante para libros y en el pasillo. Lo golpeé nuevamente en la sala, y Sergio y yo alternamos en golpearlo de allí para allá hasta que Belita le llamó a la cena.

Los días próximos estaban algo confusos, entre Belita llamándome "Tera", y Sergio llamándome "Tigre", pero antes de pasó mucho tiempo Belita cedó y comenzó a llamarme "Tigre" también. Después de que era más fácil.

My hogar nuevo era pequeño y acogedor, con pisos de la madera noble en vez de moquetas, y con algunas mantas pequeñas esparcido aquí y allá. Me parecía bien, porque los pisos de madera son magníficos para correr y deslizar, y las mantas son divertidas para gatearsedebajo o enrollarse adentro. Deseaba sin embargo que mi hermana podría venido conmigo a este lugar nuevo. Habría sido tanto más divertido tener a alguien de mi propio tamaño con quien a perseguir y luchar.

Los recién casados fueron un estudio en contrastes. Sergio era alto y moreno, reservado y muscular. Su vestuario consistía en pantalones vaqueros azules, camisas del trabajo del dril de algodón y botas robustos con tapas altas, y su transporte era un vieja furgoneta abollada. Belita era corta y rubia con ojos azules, un bulto de hoyuelos y risillas. Ella montaba una motocicleta pequeña a sus clases en la universidad local, y ella parecía tener siempre un libro en su regazo.

Algunas noches después de la cena los dos de ellos escuchaban a la música y bailaban y se arrimaban hasta la madrugada. Otras veces jugaraban juegos como Monopoly y Scrabble en el piso de la sala. Me gustaba mucho los juegos tambien, pero inventaba mis propias reglas. Mi estrategia era directa y simple. Sencillamente cargaba en el medio de cualquier juego que ellos jugaban y dispersaba las tarjetas o los pedazos del juego a los cuatro vientos. Ya que nunca podrían pensar en cómo reponer todos a donde que habían sido, me ganó por incumplimiento.

Temprano por la mañana de un domingo Sergio estuvo de pie delante del armario con unas corbatas en su mano, tratando decidir en cuál de ellos llevar con su solo y único traje. Yo salté por arriba, engaché un bonito de azul y lo acarré en el cuarto de baño.

"¡Oye, vuélvete aquí!" él gritó. Él perseguió tras de mí y me acorraló detrás del excusado. "Dámelo, bestia pequeña. Belita sacaría la mugre si ella te vió con esa! Esa estaba mi regalo de cumpleaños el año pasado." Él sacó uno otro del manojo y lo arrastró a través de mi espalda. "Aquí, puedes tener ésta. Te lo ruego y troca, ¿bien?" Él aflojó el azul fuero de mis garras y lo enrolló de su mano. "Vas a meterme en apuro grande, muchacha."

La corbata nueva pronto se hizo mi juguete favorito. Lo arrastaría através de todo del apartamento con Sergio persiguiéndome, entonces él lo arrebataría y lo arrastraría a otra cuarto con mí galopando tras, intentar conseguirlo de nuevo. Era un juego maravilloso.

Meses pasaban. Los días se hicían cortos, y las noches mucho mas frescas. Las hojas del árbol afuera por la calle se volvió marrón y cayó a la tierra. El cielo se hizo gris y nublado, y un viento penetrante y frío llevó las hojas muertas en la cuneta y a largo de la calle. Por la noche tenía que arrastrarme debajo de las mantas para mantener caliente. Abajo al fondo cerca de los pies de Belita parecían ser el mejor lugar. Sus pies estaban bien calientes, y ella no daban patados todo del tiempo como hizo Sergio. No importa que frío hicía, sin embargo, el apartamento pequeño siempre rebosaba con la calidez y el amor.
* * * * * * *

Una tarde frío la pareja joven salieron de compras después de la cena y regresaron con, de todas las cosas, ¡un árbol! Creé que hubieron perdido el juicio. Tenían plantas en la casa antes, es verdad, pero esas eran sólo plantas pequeñas en macetas que se sentaban en la mesita de café o dejaban colgados en suspensiones de macrame en las ventanas. Este árbol estuvo casi tan alto como Sergio mismo, y no tuvo ni testo ni suelo, sólamente un poco soporte improvisado de dos pedazos de madera.

"Bien, ¿dónde lo quieres?" La voz de Sergio vino de algúna parte detrás de las verdes ramas que temblaron.

"Allí, en la esquina," señaló Belita, como si su marido actualmente pudo verla. "Espera un momento. Déjame mover la librería pequeña." Sergio dejó caer el árbol con un ruido sordo.

"¡Chispas, esa cosa es pesada!" Él se tiró en el sofá y apoyó sus pies sobre la mesita de café. Belita frunció el ceño y él los puso rápidamente en el piso. "¿Sabes dónde están las decoraciones?"

"Por supuesto yo se. Tú simplemente quita esa cosa de madera y lo puso en el otro soporte." Belita volvió con una caja llenada con toda la manera de objetos brillantes y luminosos, y los dos de ellos comenzaron a colgarlos en el árbol. Pareció muy divertido, así que decidí echar una mano y ayudarlos. Sólo pude alcanzar a las ramas inferiores, pero logré golpear tres de las bolas al piso antes de que ellos me ahuyentó lejos. Asomé mi cabeza en la caja y di cuento de un cuerdo largo de oropel reluciente, como una serpiente plateada. La acarreé fuera y me dirigí hacia la cocina, arrastrandola detrás de mí, pero Sergio cortó mi retirada en la puerta. Él alzaprimó la "serpiente" de mi boca y la llevó nuevamente a la sala. Comenzó enrollarla del árbol, y inmediatamente me eché sobre el otro punto. Ese estuvo cuando Belita me puso en el dormitorio y cerró la puerta.

Cuando ellos por fin déjeme fuera de nuevo la transformación estuvo asombrosa! Los ornamentos de rojo y de oro y de plata colgaron de cada rama, y un desfile de luces coloreadas parpadeó por intervalos. El olor exótico llenó el apartamento y estimuló mi curiosidad, pero cuando mastiqué una de las ramas él supo repugnante y me dió náuseas. Abofeaté a una de las bolas rojas, pero para mi asombre no cayó este vez. Estuvo atado con un trozo de estambre en lugar de un gancho.

A partir de ese día se parecía que siempre algo ocurría en nuestro hogar pequeño. Las noches estaban llenas de visitantes, y el hablar y cantar y comer duraba hasta muy entrada la noche. Todos los días las tarjetas amontaban un poco más alto sobre la mesita en la esquina, y cajas envueltas de adorno casi abrumaban el armario del pasillo.

El apartamento entero bastante flotaba con todos los olores deliciosos que vino de la cocina minúscula, pues la pareja feliz cocinaban al horno las galletas y las totras y los panes perfumadas de canela, todos los cuales ellos envolvían en papel de aluminio y cintas azules. Algunos ellos daban a los muchos amigos que vinían a visitar, y algunos llevaban en la furgoneta de Sergio. Todo el mundo se parecía inusualmente amable y emocionado, como si en cualquier momento algo maravilloso iría a suceder.

Finalmente, llegó el gran día. Sergio y Belita trajeron todos los paquetes de su escondite en el armario, y un montón espectacular ellos hicieron. Los grandes y los pequeños, los rondos y los cuadrados. Belita abrió lo más pequeño primero.

"Aquí tienes, criaturita." Ella me lanzó un nuevo ratón de menta de gatos. Entonces ella y Sergio procedieron a desenvolver todos los otros paquetes bajo el árbol. Pronto el piso de la sala estuvo lleno de los papeles y las cintas y las cajas vacías. ¡Qué oportunidad! Salté en una pila de papel rojo, y él hizo una maravillosa sonido crujido. Me deslizé debajo de una hoja grande de papel azul y la llevé a través del cuarto conmigo. Corrí de acá por allá una y otra vez, saltando y revolcando y desgarrando. Sergio y Belita los dos rieron de mí, pero no me importé. Salté en una de las cajas grandes y cavé bajo de las bolitas del papel de seda adentro. Entonces salté afuera y adentro otra vez. No he tenido lo más divertido hace muchos meses!

Siguiente traté una caja pequeña, pero no pude entrar todo de mí adentro de ésta. Mi mitad delantera estuvo adentro, pero mis cuartos traseros todavía sobresalió, por lo que la empujó hasta encontré con una pared. Al menos supongo que estaba una pared. Traté retirarme, sólo descubrir que mi mitad delantera estuvo atascada firmemente adentro. Seguí marchar atrás, dando vueltas por aquí y por allá, pero ya seguí una presa. Finalmente me choqué contra la mesita de café y la caja se soltó. Sergio y Belita ahora apoyaron en el suelo y rieron a mandibulas batientes.

Surqué a través de la pila de nuevo, agarré un pedazo largo de cinta roja, y lo llevé en la cocina. Sergio perseguió trás de mí, pero estuve demasiado rápido para él este vez. Doblé detrás entre sus pies y pasé zumbada del pasillo al dormitorio. Debajo de la cama me zambullí, el lugar unico que supe que él no pudo seguir. Él tendió su mano hasta por lo que pudo, pero me huí fuera el otro lado y corrí devolvando abajo del pasillo a donde Belita esperó, apoyada para arriba contra el sofá. Ella se rió tan intenso que me temí que ella se lastimaría. Drapeé la cinta a través de su regazo y me rozé contra su pierna.

"Tonta Tigre," ella se rió tontamente. "Muchacha tontisima." Ella ató la cinta en un lazo enorme y flojo enrollado de mi barriga, y yo volví y di vueltas, tratando sacarlo.

"Bien, bien, es bastante," Sergio rió. "No atormentarla demasiado." Él desató la cinta y la enrolló de su mano. Entonces él comenzó a recoger todos las cintas y los papeles rasgados. Él recolectó todas las cajas y bolsas vacías y los atestó con patadas en una caja grande y los puso afuera para el basurero. Estuve muy triste de verla ir. Hube estado el patio de recurro perfecto del minino.

Teníamos una invierno largo y miserable y lluvioso ese año. Durante tres meses enteros se pareció como el sol nos abandonamos por completo. Eventualmente, sin embargo, las tormentas amainaron y el sol salió. ¡El sol beato y glorioso! El pobre de árbol sin hojas afuera por la calle se desarolló en una nube de flores rosdas, y un centenar de mariposas aparecían y revoloteaban de flor a flor. Los días hicían cálidos, el sol brillaba la mayor parte del tiempo, y aún cuando lluvío, estaba un lluvia suave y apacible que crecío las flores en vez de batirlas abajo en el lodo.

Cada mañana, aun antes de la luz del día, un sinsonte afuera de nuestra ventana del dormitorio despertaba a nosotros todos con su canción de los buenos dias, su manera que decirle a cada otro pájaro en la vecinidad que éste estaba SU territorio, y que mucho más vale mantener las distancias. Él y su hembra construían un nido en el árbol afuera, y una familia de ardillas seguían pasando de pronto adentro y afuera de un agujero en el tronco. Todo el mundo se parecía estar bastante fecundo de la vida nueva.

En aquél entonces más o menos comencé a sentir algunas sensaciones de la la primavera de mis propias. No sabía lo que era, exactamente, sino de una clase extraña de inquietud dentro de mí que me causaba desear salir y vagar. El gran gato hembro negro desde arriba de la calle se parecía percibirlo, también, y cada noche se presentaba y me daba una serenata a través de la ventana. Quería mucho salir y acompañarlo, pero no podría abrir la puerta por mí mismo, y Sergio y Belita simplemente negaban permitirme ir afuera. No importa por mucho que supliqaba y pidía, decían siempre que "no".

Una vez me hice muy enfadada y mordí Belita en el tobillo, no muy fuerte, pero ella se enfadó y me golpeó lejos. Realmente no deseé lastimarla, simplemente estuve tan frustrado que no upe qué más hacer. Después de un rato, se salieron los sensaciones extraños y me sentí como mi ser vieja nuevemante. Estaba bastante un rato después de que Belita me arrimaría otra vez, sin embargo.

Algo más ha cambiado, también, algo entre Sergio y Belita. Ellos sonrían uno a otro mucho más, un "tengo un secreto" clase de sonrisa, y parecía como si nunca dejaban de abrazar unos a los otros. Pronto Belita comenzaba a volverse un poco redonda por la barriga. Ella no engordaba, exactamente, pero cada vez que yo trataba a sentar en su regaza, no había tanto regazo como antes. Estaba extraño, porque Belita siempre ha sido algo chiflada de su salud, y ella todavía hizo tanto de ejercicios como siempre, quizá incluso más, pero no parecía que tenga importancia jamás. Ella simplemente volvaba más y más redonda.

Dentro de poco vino el verano, y las temperaturas altas comenzó de verdadero. El apartamento volvía terriblemente encerrado durante el día, por eso ellos siempre dejían abierta la ventana del cuarto de baño para que podía acostarme en el alféizar y conseguir un poco del aire fresco. Por la noche abrían todas las ventanas y ponían un ventilador en el piso para traer adentro el aire fresco. Ahora, en lugar de dormir en la cama con ellos, hacía mi cama en el piso al lado de la ventana. Estaba más fresco.

Sergio y Belita hacían algunos cambios muy sustanciales en el cuarto a través del pasillo de donde dormían. Había sido la sala de costura y la biblioteca de Belita, pero ahora ellos colgaban cortinas nuevas y tonto papel pintado con los conejos y los arcos iris en todos partes. Trajían muebles nuevos, también, una mecedora y una cómoda pequeña, y un camita con verjas por todos lados. Naturalmente, suponía que estaba para mí, pero cada vez que saltaba adentro ellos me tiraban debajo sobre el piso. Habían juguetes, también, una caja enorme llena de ellos. Muñecas, animales de peluche rellenos, y los bloques grandes de plástico en colores brillantes. Cuando llevaron a cabos, ellos cerraron la puerta firmamente.

Belita había dejado de ir a las clases, pero todavía leía mucho, y cuando ella no leía, ella cosía. Me gustó de tenerla en casa todo el tiempo, pero ella nunca parecía tener tiempo para jugar conmigo como solía hacer. Si la tría mi ratón del menta y lo ponía en su regazo, siempre estaba "No ahora, Tigre" o "¿No ves que estoy ocupada ahora?" Pues, ¿cuando ya no estaba ocupada más? Trataba jugar por mí mismo, pero simplemente no estaba igual.

Entonces un día algo pasó que cambió todas de nuestras vidas para siempre. No parecía muy importante en aquel entonces, pero ya lo veo que estuvo cuando comenzó todos las problemas.

Me eché a patadas de la cama algo bruscamente una mañana por Belita quien estuvo obviamente muy emocionada en cuanto de algo.

"Despiértate, cariño." Ella sacudió violentamente el hombro de su marido. "Vamos, despiértate. Es la hora. "

"¿Qué hora es?" Él dió un vuelta y miró en el reloj. "Solamente las dos y cuarto. No tengo que despertarme hasta las seis. Se quede a dormir de nuevo." Él dió un vuelta y tiró las mantas para arriba sobre de su cabeza. Belita lo sacudió otra vez.

"¡Sergio, despiértate! Tenemos que ir al hospital. ¡Vamos! "

"¿El hospital? ¿Horita?" Sergio estuvo de repente bien despierto." ¿Estás segura?"

"¡Por supuesto estoy segura! Date prisa, se veste." Ella lanzó algunas ropas sobre la cama y sacó una maleta pequeña fuera del armario. Sergio corrió de un lado a otro buscando sus zapatos, y Belita seguió decir, "¡Apúrate!" Estuvo todo lo que pude hacer para evitar ser pisoteado a la muerte. Finalmente decidí que debajo de la cama estuvo el único lugar seguro para mí. Ellos hicieron un par de llamadas teléfonicos y salieron sin siquiera desayunar. Por suerte todavía tuve un poco de comida seca en mi tazón del día antes, que por lo menos no tuve que pasar hambre.

Sergio llegó tarde a casa por esa tarde, mucho más cansado que de costumbre. Abrió una lata de comida de gatos para mí y se fué en el dormitorio y se tiró sobre la cama. Ni siquiera dió la molestia de comer o ducharse. Esperé que Belita llegará a casa en cualquier momento y comenzará su cena, pero estuve bien más de las seis y ella todavía no acudió.

Sergio despertó un rato después de hizo oscuro y preparó para él mismo un emparedado de queso y un vaso de leche y lo llevó en la sala. Puse mi pata en su rodilla y maullé y él me llevó en su regazo y me dió un bocado del queso. Entonces él rascó mi cuello y entre mis omóplatos y todo lo largo de mi espalda. No había tenido tan mucho atención hace mucho tiempo, y realmente le disfruté! Belita todavía no estuvo en casa cuando vino la hora de acostarse, asi que me apelotoné sobre la almohada a su lado para hacer compañía a él. El apartamento se pareció tan frío y vacío sin ella allí.

Vino la mañana, y aún ningún Belita. Sergio preparó el desayuno para nosotros dos, y salió por un rato. Él regresó unos horas después, más feliz que le visto nunca. ¿Cómo pudo estar tan alegre cuando nuestro Belita querida estuvo perdida? Estuve muy preocupada. Ella nunca ha desaparecido como esto antes.

Sergio y yo pasamos mucho tiempo juntos durante los dos días siguientes. Estoy seguro que él debó notar la falta de Belita tanto como yo, pero él no pareció preocupado de ella ni mucho menos. Entonces una tarde él la trajo de vuelta a casa, y sopuse que todo volverían a normal. Estuve equivocado. Nada sería el mismo nunca más.
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Sabe Diós que nunca jamás me propuse ser de la clase trepadora, de ninguna manera. Sería perfectamente feliz viviendo mi vida entera en un lugar, con una sola familia para amarme y cuidarme, en vez de vagar por el país como una felina (o gata?) vagabunda (o errante?), depender de mis juicios y de la amabilidad de los extranjeros.
Ciertamente nada de mi historia temprana indicó que mi caso sería excepcional. Las circunstancias alrededor de mi nacimiento fueron tristemente típicas; madre sin discernimiento, padre anónimo, una de cinco gatitos indeseados de una litera (o relación?) superflua, condenada desde el comienzo a ser el tema desafortunado de uno de esos ubicuos anuncios baratos: "gatitos adorables, gratis al buen hogar", ese tipo de cosas. Por supuesto, a las gatitas hembras no es fácil encontrarles un hogar, aun gratis, así que mi hermana y yo fuimos eventualmente a parar en la tienda local de los animales domésticos, pero allí también, la gente mas o menos nos pasaron por alto durante mucho tiempo.
Entonces un día una muchacha bonita quien tiene casi de cinco o seis años saltó en la tienda. Bucles de color marrón oscuro rebotaron debajo de un gorro azul hecho de punto, y el suéter azul que hacía juego cayó negligentemente desde sus hombros. Ella se dirigió directamente a nuestra jaula y empujó sus dedos a través de la malla de alambre, intentaba tocar la cola de mi hermana. Mi hermana acarició? sus dedos con una pata minúscula y la muchacha rió. Sus padres vinieron apresuradamente hacia nosotros, para ver en qué travesura se metió su hija. La madre frunció el ceño al vernos y tomó a la niña de la mano.
"Ven conmigo, querida, vamonos ya," ella impeló. "Todavía tenemos muchas cosas por comprar." Cuando la niña no respondió, su madre trató de conducirla lejos, pero como resultado obtuvo una rebelión inmediata.
"¡Quiero gatito!" ella lamentó, apegándose del alambre con su mano libre. Sus padres intercambiaron miradas nerviosas.
"Tú no necesitas un gatito, amor," su madre engatusó. "Ya tienes un perico y tres peces de colores. Vamanos, ahora, tenemos que conseguirte algunos zapatos nuevos."
"¡No quiero zapatos nuevos!" gritó la niña desafiante. "¡Quiero gatito!" Su padre trató de aflojar sus dedos del alambre, pero ella se colgó aun más apretado y chilló a voz en grito. "¡Quiero gatito! ¡Quiero gatito!" Los padres comenzaron a sentirse desesperados.
"Querida, aquella es una gatita hembra. De veras no queremos una gatita hembra, ¿de acuerdo?" su madre suplicó. "Ya por favor, sé una niña buena e iremos a un otra tienda de animales y buscamos un gatito macho y simpático¿bien?"
"¡No quiero gatito macho! Quiero ESE gatito!" Sus padres se miraron el uno al otro con desesperación, cada uno esperando que al otro se le ocurriera una idea. Ni el uno ni el otro. Resignados, llamaron al tendero, quien estaba esperando cerca y fingía no notar el disturbio. Él abrió la puerta de la jaula y puso a mi hermana en una caja pequeña con agujeros en ella. Entonces agregó una bolsa de comida para gatos al saco que contenía el grano de pájaros y el alimento de los peces que los padres habían comprado ya. Que llevó a cabo, la familia salió de la tienda, la mocosa victoriosa saltando orgulloso y llevando su trofeo más reciente, y sus padres desgraciados siguiendo detrás, totalmente derrotados.
El día siguiente fue largo y solitario para mí. Tambien el día proximo y el proximo. El tendero me dió una pelota de goma con una campana adentro para jugar, pero no era tan divertido como luchar con mi hermana. Nadie ya hacía caso de mí, y empezaba a parecer como si estaría allí por mucho tiempo.
Unas semanas después, una pareja joven y atractiva pasaba por la tienda. Dormía profundamente cuando entraron, yo desperté cuando los perritos en la jaula de al lado comenzaron ladrar. Los amantes jóvenes deambularon por la tienda, tomados de las manos, mirando todos los animales diferentes en sus jaulas. Cuando finalmente llegaron a mi estación yo estaba desentumeciendo mis músculos luego de mi siesta.
"Ay Sergio," arrulló la mujer, "¿No es él adorable? Exactamente como un pequeño tigre gris."
"Él es una ella," la corrigió Sergio, comprobando el letrero, "y sí, ella es adorable." Me sentí juguetona después de mi siesta, asi perseguí mi cola en circulos algunas veces y golpeé mi pelota a través de la jaula. Me enterré debajo de unos papeles triturados y me lanzé adentro; tras de eso emergí agradablamente adornada con salpicaduras de confeti. La joven se levantó arriba y abajo y rió aliviamente.
"Eso es lo que quiero," ella suspiró. "Esa pequeña gatita, es una monada."
"¿Estás segura que es una idea buena, llevarnos a una hembra, quiero decir?" Su compañero pareció algo dudoso. "¿Qué sucede cuando ella crezca y comience a parir gatitos?"
"No va a pasar," ella insistió. "La mantendré adentro. Ella no será ningún problema jamas, vas a ver." Ella se acercó a su marido y enganchó los pulgares en su cintura. "¿Por favor, por favor, por favor? Es mi cumpleaños, y es lo que quiero de veras, ¿por favor?"
Sergio rió y besó su frente. "Bien, Belita, si estas segura que eso es lo que quieres de veras."
Juntos escogieron algo de comida de gatos y una pelota de goma roja y un ratón azul menta para gatos, mientras que el tendero desdoblaba otra caja con agujeros. Estuve en camino a un hogar nuevo.
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Hola! Aquí te dejo algunas correcciones de la primera parte, espero te sirva!!

Por cierto si sabes inglés, podrías revisar una carta que publiqué en el foro?, necesito enviarla y me gustaría que me dieran consejos sobre cómo la escrbí o algunas correcciones... Gracias!!

La historia se ve interesante, suerte!!