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Hoy en día, las mujeres tienen más oportunidades profesionales que tenían, digamos, en los años 1950. Constituyen la mayoría de los estudiantes universitarios, incluso en los países conservadores como la Arabia Saudita, y tienen el derecho en los países liberales a ocupar cualquier puesto profesional, ya sea como doctora, mecánica, costurera o director ejecutivo de una empresa de la lista Forbes 500. Sin embargo, se ha observado que pocas mujeres alcanzan puestos altos, ya sea en el servicio público, la política, los negocios o las profesiones técnicas. La gran mayoría se encuentran en posiciones bajas y medianas del mundo profesional, como las que proveen servicios en lugar de tomar decisiones, a pesar de poder estar más cualificadas que sus colegas varones. Este patrón desconcertante es debido a que las mujeres hacen muchos sacrificios por motivos familiares en sus años veinte y treinta, es decir durante los mejores años para construirse una carrera. Se suele suponer que es la mujer que debe invertir más tiempo en cuidar el hogar (las tareas domésticas, los niños, los ancianos enfermos) y mudarse de ciudad en ciudad por el trabajo de su esposo. Es así que muchas mujeres no buscan (o aceptan) asencos y nuevos proyectos en su lugar de trabajo. Además, las normas sociales dictan que las mujeres no deban tener una personalidad firme y enérgica, mostrarse “demasiado” ambiciosas, atribuirse sus logros o pedir aumentos salariales sin vergüenza, solamente para parecer “agradable” y “serviable”. Es así que muchas mujeres no retan a aprovechar oportunidades para subir en la jerarquía a posiciones cuales prestigio, poder y salarios justamente merecen.
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Hoy en día, las mujeres tienen más oportunidades profesionales que tenían, digamos, en los años 1950. Constituyen la mayoría de los estudiantes universitarios, incluso en los países conservadores como la Arabia Saudita, y tienen el derecho en los países liberales a ocupar cualquier puesto profesional, ya sea como doctora, mecánica, costurera o directora ejecutiva de una empresa de la lista Forbes 500. Sin embargo, se ha observado que pocas mujeres alcanzan puestos altos, ya sea en el servicio público, la política, los negocios o las profesiones técnicas. La gran mayoría se encuentran en posiciones bajas y medianas del mundo profesional, como las que proveen servicios en lugar de tomar decisiones, a pesar de poder estar más cualificadas que sus colegas varones. Este patrón desconcertante es debido a que las mujeres hacen muchos sacrificios por motivos familiares en sus años veinte y treinta, es decir, durante los mejores años para construirse una carrera. Se suele suponer que es la mujer la que debe invertir más tiempo en cuidar el hogar (las tareas domésticas, los niños, los ancianos enfermos) y mudarse de ciudad en ciudad por el trabajo de su esposo. Es así que muchas mujeres no buscan (o aceptan) ascensos y nuevos proyectos en su lugar de trabajo. Además, las normas sociales dictan que las mujeres no deben tener una personalidad firme y enérgica, mostrarse “demasiado” ambiciosas, atribuirse sus logros o pedir aumentos salariales sin vergüenza, solamente para parecer “agradables” y “serviciales”. Es así que muchas mujeres no compiten por aprovechar oportunidades para subir en la jerarquía a posiciones cuyo prestigio, poder y salarios justamente merecen.
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Como hablante nativa yo diría:
Hoy en día, las mujeres tienen más oportunidades profesionales de las que tenían, digamos, en los años 1950. Constituyen la mayoría de los estudiantes universitarios, incluso en los países conservadores como Arabia Saudita, y tienen derecho, en los países liberales, a ocupar cualquier puesto profesional, ya sea como doctoras, mecánicas, costureras o directoras ejecutivas de una empresa de la lista de Forbes 500. Sin embargo, se ha observado que pocas mujeres alcanzan puestos altos, ya sea en el servicio público, la política, los negocios o las profesiones técnicas. La gran mayoría se encuentran en posiciones bajas y medianas del mundo profesional, como las que proveen servicios en lugar de tomar decisiones, a pesar de poder estar más calificadas que sus colegas varones. Este patrón desconcertante es debido a que las mujeres hacen muchos sacrificios por motivos familiares entre los veinte y los treinta años, es decir durante los mejores años para construirse una carrera. Se suele suponer que es la mujer la que debe invertir más tiempo en cuidar el hogar (las tareas domésticas, los niños, los ancianos enfermos) y mudarse de ciudad en ciudad por el trabajo de su esposo. Por eso, muchas mujeres no buscan (o aceptan) ascensos y nuevos proyectos en su lugar de trabajo. Además, las normas sociales dictan que las mujeres no deben tener una personalidad firme y enérgica, mostrarse “demasiado” ambiciosas, exponer sus logros o pedir aumentos salariales sin vergüenza, solamente para parecer “agradables” y “serviciales”. Es por eso que muchas mujeres no se retan a aprovechar oportunidades para subir en la jerarquía a las posiciones de prestigio, poder y salarios que justamente se merecen. Emotion: smile
[Nota: no corregí la puntuación]