Difícilmente Moyano, ya casi domesticado con subsidios y acuerdos, se atreva a emitir algún comunicado de solidaridad con Carlos Ortega.

Trátase del líder sindical de la Venezuela Bolivariana, condenado apenas a quince años de prisión. Un castigo celebratoriamente ejemplar, digno de ser olvidado por los traficantes de pronunciamientos, de selectiva sensibilidad para la prisión.
El frontal Ortega se merece nomás la mazmorra.
Tuvo la desdichada idea de organizarle un paro al Presidente de la Nueva Madre Patria, Hugo Chávez, el locutor bolivariano. El virtual imitador de Sergio Velazco Ferrero, pero de Venezuela.
Es decir, la terminal política de la Argentina degradada. La que se obstina en deslizarse por la pendiente de la piadosa declinación.

En cierto modo, el cesarismo crepitante de Chávez, basado en barrilitos a 60 dólares, es más plausible. No habilita a anticipar atisbos de la farsa de la próxima fotocopia.
Típica del tufillo cesarista que colma la paciencia de innumerables argentinos que transitoriamente callan.
Típica "del proyecto", más grotesco que hegemónico, de Kirchner. Aunque basado en barriles con forma de cajas.
O sea, basamentado en el manejo de la caja agotable del Gorro Frigio.

Y en el uso abusivo de la cómplice complacencia mediática.

Sobre todo contra los infortunados que Kirchner considere, sin su consentimiento, como opositores.
http://www.jorgeasisdigital.com/v2/motor textos.php?codigo=287
El problema de Ortega es falta de inteligencia, parece ser algo muy común entre los de extrema derecha. ¿Será que consumen drogas?

Con buena política hace tiempo que hubieran sacada a Chávez. Más aún, si hubieran sabido escoger el candidato Chávez tal vez no hubiera salido elegido la primera vez. Lo que sucede es que ponen de candidatos a unos reconocidos ineptos y vendepatria y después se sorprenden porque el pueblo no los apoya. Hay que ser bien bruto.
T.Schmidt