El Brindis

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MIkel Aingeru  #8001  Tue, 06 Jun 06 01:25 PM

EL BRINDIS

 

         Todo el que haya participado en un brindis para desear salud o éxito a alguien, se habrá preguntado acerca de los inicios remotos de la costumbre de brindar el anfitrión por la salud de un amigo.

 

         El origen se sitúa entre los griegos en el siglo VI a.C., y por una razón eminentemente práctica: asegurar a los invitados que el vino que iban a consumir no estaba envenenado. Mezclar veneno en el vino, había sido durante largo tiempo, uno de los medios predilectos para eliminar a un rival político o a un supuesto enemigo, o para esquivar un divorcio.

 

         Por tanto, el anfitrión bebía el primer vino servido de la jarra y, una vez convencidos los comensales de que no ofrecía peligro, alzaban a su vez sus copas y bebían. Este ritual, que prescribía que el dueño de la casa bebiera antes que sus invitados, llegó a simbolizar una especie de compromiso amistoso.

 

         Los romanos adoptaron la afición griega al envenenamiento y la costumbre de beber, como muestra de amistad. La ambiciosa Livia Drusilla, emperatriz de Roma del siglo I a.C., convirtió esta práctica en poco menos que una ciencia.. El hábito romano de agregar un fragmentó tostado a la copa de vino, es el origen de la palabra inglesa toast, uno de cuyos significados es, precisamente, «brindis».

 

         Esta práctica continuaba en la época de Shakespeare. En su obra Las alegres comadres de Windsor, Falstaff encarga una jarra de vino y exige que se ponga una «tostada en ella».

 

         Durante muchos años, se supuso que la tostada romana era un trozo de pan especiado o azucarado, que se añadía al vino para endulzarlo. En fecha más reciente, se demostró científicamente que el carbón puede reducir la acidez de un líquido, y que un trozo de pan muy tostado añadido a un vino inferior, ligeramente avinagrado, podía conferirle una calidad más suave y agradable, cosa que los romanos pudieron haber descubierto ya por su cuenta.

 

         En resumen, los griegos bebían a la salud de un amigo y los romanos aromatizaban su vino con un trozo de pan tostado, y con el tiempo el brindis se convirtió en los países anglosajones en el toast actual.

 

         A principios del siglo XVIII, la costumbre de ofrecer un brindis adquirió un nuevo cariz. En vez de beber a la salud de un amigo presente en el ágape, el brindis se ofrecía en honor de una celebridad, en particular de una mujer hermosa, a la que tal vez los comensales no conocían personalmente.

 

         En el siglo siguiente, los brindis adquirieron tanta popularidad en diversos países occidentales, que no se consideraba completa una cena solemne sin que los hubiera. Un duque británico escribió en 1803 que durante la cena cada copa ha de ser dedicada a alguien, y que abstenerse de brindar se consideraba estúpido y grosero, como si ninguno de los presentes fuera digno de la bebida. Una manera de insultar directamente a un comensal era omitir el brindis en su honor, lo cual constituía, como escribió el duque, una muestra de desprecio directo.

  
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