Por acá los pendencieros y todos los que suben a los autobuses a tirarte discursos de "estoy enfermo", "no tengo empleo", "no tengo dinero para regresar a mi pueblo", "acabo de salir de la cárcel", "mi mamá se murió"... etc., se las empiezan a ver duras ya que la gente se está apretando el cinturón y trata de ahorrarse cada peso que trae en el bolsillo. He notado que a los pendencieros ya casi nadie les regala dinero y a los vendedores pocos les compran mercancía.